Viajar al espacio acelera y revierte el envejecimiento biológico: estudio con astronautas de Axiom-2

En Ciencia y Tecnología
enero 16, 2026
Un análisis de la misión comercial Axiom-2 reveló cómo la edad biológica de los astronautas cambia durante y después de un vuelo espacial, mostrando efectos tanto de aceleración como de recuperación.

El envejecimiento dejó de ser solo una cuestión de años cumplidos para convertirse en un fenómeno medible a nivel molecular. En la búsqueda por entender cómo y por qué el cuerpo envejece, el espacio se presentó como un laboratorio extremo. La combinación de microgravedad, radiación ionizante, aislamiento social y alteración del ritmo circadiano genera un conjunto de estresores difícil de reproducir en la Tierra.

Un estudio reciente con astronautas de la misión comercial Axiom-2 aportó datos inéditos sobre cómo estas condiciones modifican la edad biológica en cuestión de días y cómo el organismo humano posee una sorprendente capacidad de recuperación. Los vuelos espaciales exponen al cuerpo a tensiones que imitan procesos típicos del envejecimiento, como la pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones en el sistema inmune y cambios en la reparación del ADN, aspectos ya conocidos en la medicina espacial.

Sin embargo, la pregunta central era si el espacio acelera realmente el envejecimiento biológico o si solo produce efectos transitorios sin consecuencias duraderas. Para responderla, un equipo internacional analizó la metilación del ADN, uno de los marcadores más precisos del desgaste celular. La metilación funciona como un registro químico que refleja el daño acumulado en las células, y a partir de ella se desarrollaron relojes epigenéticos capaces de estimar la edad biológica, es decir, cómo se comporta el organismo más allá de la edad cronológica.

El estudio, realizado por la Universidad Weill Cornell y comentado por el genetista David Sinclair, se centró en cuatro astronautas de la misión Axiom-2, un vuelo comercial de nueve días a la Estación Espacial Internacional. Los tripulantes tenían edades que iban de 31 a 67 años, con dos mayores de 60 y dos alrededor de los 30, una diversidad poco común en investigaciones espaciales. Se recolectaron muestras de sangre en cinco momentos clave: 45 días antes del lanzamiento, en los días cuatro y siete durante el vuelo, y en los días uno y siete tras el regreso.

El análisis de 32 métricas de edad biológica basadas en la metilación del ADN mostró que, en promedio, la edad epigenética de los astronautas se aceleró 1,91 años para el séptimo día de la misión, lo que significa que sus organismos envejecerían casi dos años en solo una semana en órbita. Este efecto no fue uniforme: el astronauta de mayor edad presentó la mayor aceleración, con más de dos años en pocos días, mientras que otro tripulante mayor también mostró un aumento notable. Por el contrario, uno de los más jóvenes experimentó una disminución significativa en su edad biológica durante el mismo período, un resultado que sorprendió a los investigadores.

Estas diferencias individuales indicaron que la respuesta al entorno espacial no sigue un patrón único. Factores como la edad, el estado inmunológico previo y la capacidad de adaptación celular parecen influir en el impacto del vuelo. Parte de la aceleración se explicó por cambios en la composición del sistema inmune, especialmente en las células T CD4 reguladoras, clave para el equilibrio inmunológico. Al ajustar los modelos para considerar estas variaciones, la aceleración de la edad biológica disminuyó pero no desapareció, y los predictores de mortalidad junto con la edad cronológica continuaron mostrando aceleración durante el vuelo.

Estos datos sugieren que el impacto del espacio no se limita a un simple reordenamiento celular en la sangre, sino que implica transformaciones epigenéticas profundas dentro de las células, replicando procesos observados durante el envejecimiento en la Tierra. El hallazgo más alentador fue que, tras el regreso a la gravedad terrestre, la edad biológica disminuyó en todos los astronautas. Los mayores recuperaron valores similares a los previos al vuelo, mientras que los más jóvenes mostraron una edad biológica incluso menor que antes de despegar.

Esta reversibilidad indica que el envejecimiento inducido por el espacio no es permanente en misiones cortas. El cuerpo activa mecanismos de recuperación que revierten en pocos días los cambios epigenéticos asociados al estrés extremo. Esta plasticidad biológica convierte al vuelo espacial en un modelo experimental único para estudiar cómo el cuerpo humano envejece y puede rejuvenecer.

Estos resultados coinciden con estudios previos en otros contextos. Experimentos con ratones en la Estación Espacial Internacional mostraron desaceleración del envejecimiento epigenético en tejidos específicos. Investigaciones con voluntarios en aislamiento prolongado, como el experimento Mars-500, también registraron reducción del envejecimiento epigenético respecto a valores iniciales. Además, la misión de un año del astronauta Scott Kelly evidenció un aumento en la longitud de los telómeros, otro marcador relacionado con el envejecimiento celular.

En conjunto, estos antecedentes y los nuevos datos de Axiom-2 delinean un escenario complejo: el espacio acelera el envejecimiento biológico a corto plazo, pero también activa respuestas adaptativas que revierten ese proceso al volver a la Tierra. Esta dualidad desafía la visión clásica del envejecimiento como un proceso lineal e irreversible, planteando que el envejecimiento puede entenderse como un equilibrio dinámico entre daño y reparación.

En la Tierra, los estresores ambientales superan progresivamente la capacidad compensatoria del cuerpo, mientras que en el espacio ese desequilibrio ocurre de forma abrupta pero breve. Al cesar la exposición, los mecanismos de reparación recuperan el control y revierten parte del daño acumulado. Esto posiciona a los vuelos espaciales como una plataforma experimental de alto valor, ya que permiten inducir y revertir cambios asociados con la edad en días, a diferencia de los estudios observacionales que requieren décadas.

Los autores del estudio señalaron que, aunque no se consideraron factores como la presencia de cianobacterias o infecciones ambientales, la lógica de estresores extremos y la respuesta del organismo sigue un patrón comparable. El cuerpo humano enfrenta desafíos intensos y despliega estrategias de adaptación que pueden estudiarse con precisión con las herramientas adecuadas.

A pesar de lo prometedor de los resultados, los científicos reconocieron limitaciones claras: la muestra fue pequeña y la duración del vuelo corta. Misiones más largas podrían producir efectos diferentes o menos reversibles. Además, no todos los tejidos responden igual que la sangre, por lo que los cambios epigenéticos en otros órganos requieren más estudio.

Sin embargo, el mensaje central quedó definido: los vuelos espaciales inducen cambios epigenéticos rápidos asociados con el envejecimiento, pero estos cambios resultan reversibles al menos en misiones breves. Esta combinación convierte al espacio en un escenario privilegiado para explorar los mecanismos íntimos del envejecimiento humano.

En un contexto global marcado por el aumento de la esperanza de vida y la búsqueda de estrategias para envejecer mejor, estos hallazgos trascienden la exploración espacial. Comprender cómo el cuerpo envejece, acelera ese proceso y logra revertirlo podría impactar directamente en la medicina del futuro. El espacio, una vez más, ofrece respuestas que van más allá de la órbita terrestre y vuelven a poner el foco en la salud humana en la Tierra.

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