La FARER manifestó a Vialidad Provincial su preocupación por el deterioro de los caminos rurales en Entre Ríos

En Provinciales
marzo 10, 2026
Dirigentes rurales expusieron a autoridades viales la crítica situación de la red terciaria, destacando la falta de recursos y la necesidad de un nuevo modelo de gestión.

Durante décadas, los caminos rurales de Entre Ríos han sido una deuda pendiente de la gestión pública con el interior productivo. Esta problemática volvió a ponerse en foco esta semana en Paraná, cuando representantes de la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER) se reunieron con autoridades de la Dirección Provincial de Vialidad para plantear nuevamente la crítica situación de los llamados “caminos de la producción”. Aunque el diagnóstico fue compartido entre ambas partes, las soluciones aún permanecen como una promesa en construcción.

El encuentro tuvo lugar el lunes 9 de marzo y contó con la presencia del titular de Vialidad Provincial, Exequiel Donda; el subdirector José Palacios; y el jefe de Conservación, Fabián Ocampo. Por parte del sector ruralista participaron el presidente de FARER, Sergio Dalcol, junto a representantes de diversas rurales de la provincia. En la mesa se puso sobre la mesa una problemática que, aunque no es nueva, se ha vuelto cada vez más visible en los últimos años debido a su impacto directo en la producción, la logística y la vida cotidiana del interior entrerriano.

Desde la gremial ruralista señalaron varias causas que explican el deterioro de la red vial terciaria: la burocracia estatal que demora la ejecución de partidas presupuestarias, la falta de maquinaria adecuada y la escasez de personal especializado para realizar tareas de mantenimiento. En definitiva, se trata de una combinación de limitaciones administrativas y estructurales que se reflejan en el mal estado de los caminos.

Además, se destacó que la mayoría de las Zonales de Vialidad se encuentran desfinanciadas y dependen en gran medida del combustible y otros aportes económicos que pueden realizar los municipios con base agraria. Sin estos recursos, la paralización de los trabajos sería casi total.

El presidente de FARER, Sergio Dalcol, definió la reunión como un espacio de “diálogo franco y abierto”, en el que hubo coincidencias en el diagnóstico. Sin embargo, también advirtió que el camino hacia las soluciones será largo. Planteó la necesidad de avanzar hacia un nuevo modelo de gestión de los caminos rurales, aunque reconoció que mientras se diseña e implementa ese esquema, lo urgente es mejorar la eficiencia en el uso de los recursos disponibles.

Entre las propuestas que surgieron se mencionó la posibilidad de reactivar los consejos consultivos, que son espacios de articulación entre productores y el Estado que en otros momentos tuvieron mayor protagonismo. También se propuso realizar reuniones periódicas en el territorio con las máximas autoridades viales para atender problemáticas específicas, con el objetivo de acercar la gestión al lugar donde se sufren las consecuencias del abandono.

Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la intervención de presidentes y representantes de rurales de distintos departamentos de la provincia, quienes recorrieron cientos de kilómetros para llegar a Paraná con el fin de relatar en primera persona la situación en sus distritos. Sus testimonios evidenciaron una radiografía contundente: caminos intransitables tras lluvias moderadas, transportistas que evitan ingresar a ciertos campos, alumnos que pierden días de clase y productores que enfrentan costos logísticos más elevados.

Desde FARER remarcaron que el problema es estructural y no se limita a una cuestión de comodidad o eficiencia productiva. Por estos caminos circula gran parte de la vida rural: granos, hacienda, maquinaria, pero también docentes, médicos, estudiantes y trabajadores. Cuando un camino se vuelve intransitable, no solo se corta una ruta de transporte, sino también un vínculo social y económico con el resto de la provincia.

Dalcol admitió que la reunión dejó “sensaciones ambiguas”. Por un lado, la frustración acumulada por años de reclamos que no se traducen en cambios sustanciales. Por otro, una leve expectativa de que la coordinación y el diálogo puedan al menos aliviar algunas de las situaciones más críticas.

En una provincia donde el sector agropecuario es uno de los motores centrales de la economía, la precariedad de los caminos rurales representa una contradicción difícil de explicar. Mientras la producción busca mayor competitividad y eficiencia, la infraestructura básica continúa siendo un obstáculo.

La discusión vuelve a plantear una pregunta incómoda para el gobierno entrerriano: ¿cuánto tiempo más podrá sostenerse un modelo productivo que depende de caminos que, cada temporada de lluvias, se convierten en barro? Si el desarrollo del interior es un objetivo compartido, el estado de sus caminos debería dejar de ser un tema recurrente para transformarse en una prioridad de gestión.

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