Había duelo de goleadores en Son Moix. Por un lado, Kylian Mbappé con 24; por el otro, Vedat Muriqi, ahora con 19. Y había algo más que tres puntos en juego. El RCD Mallorca se jugaba salir del descenso y el Real Madrid apretar la parte alta de la clasificación.
El tiempo ya se había acabado. Corría el minuto 91 cuando llegó la pelota al delantero mallorquinista que, con un control con la izquierda y un disparo “duro”, como él, medio cayéndose, superaba a Lunin y volvía a salvar a su equipo. Celebración en la esquina y una imagen impactante: Muriqi arrodillado en el césped, sin poder aguantar las lágrimas.
“Aunque desde fuera parezco muy feo y duro, también soy humano y a veces las emociones y los nervios me dejan”, reconoció el kosovar entre sollozos al terminar el partido en los micrófonos de Movistar.
El resultado, por la mínima; la celebración, emocionante, se explica porque el Madrid había conseguido empatar el partido en el 88 con un gran cabezazo de Militao a la salida de un córner. Parecía que estaba llamada a ser una de las famosas remontadas ‘in extremis’ de los blancos, pero ‘El Pirata’ tenía otros planes.
El Mallorca aguanta
Ya advertía Álvaro Arbeloa que Son Moix no iba a ser nada fácil. No obstante, el partido comenzó con el guion esperado: el Madrid mandando, el Mallorca esperando. Arbeloa presentó un once con varias rotaciones de cara al Bayern, sin Vinicius ni Bellingham en el once, pero con Mbappé como punta de lanza. Sin embargo, el francés se encontró, una vez más, con el muro llamado Leo Román.
Tres paradones en la primera parte, dos al propio Mbappé y uno a Arda Güler, mantuvieron el ‘resultado gafas’ cuando el Madrid merecía estar por delante.
Así, el Mallorca se dejaba golpear esperando su oportunidad. Llegó en el 41. Un despiste inexplicable de Camavinga dejó al centrocampista Morlanes completamente solo ante Lunin. Pecho, control y remate a placer. Los jugadores enfilaban el túnel de vestuarios.
La segunda parte fue una embestida blanca contenida con uñas y dientes por el bloque de Demichelis, quien reorganizó a su equipo en un 4-4-2 compacto y hermético. Arbeloa movió ficha en el 59 con un triple cambio de impacto: Militao, Vinicius y Bellingham saltaron al campo para sacudir el partido. Y vaya si lo sacudieron. El central brasileño, en su regreso al terreno de juego después de cinco meses lesionado, conectó un cabezazo brutal al córner de Trent que se alojó en la escuadra. Empate en el 88. Son Moix en silencio.
Pero el silencio duró apenas tres minutos. Muriqi recibió dentro del área, se deshizo de su par y mandó el balón a guardar. Del bajón al subidón en un abrir y cerrar de ojos. Y en la retina de todos, la imagen de Muriqi agachado, tapándose la cara, secándose las lágrimas con las manos y la camiseta. Estaban fuera del descenso.

La catarsis del Pirata
Pero para entender mejor las declaraciones de ‘El Pirata′ conviene retomar dos semanas atrás: “Vengo de fallar un penalti en el 92, luego perder una final para ir al Mundial y cumplir el mayor sueño de mi vida. Aquí 1-0, empate en el 88 y de repente un golazo, ganando 2-1, con mi gol… Les agradezco mucho a todos por este apoyo”, dijo Muriqi con la voz entrecortada.
El delantero fue también el más honesto a la hora de valorar lo que significa arrancar tres puntos a los de Arbeloa: “Cuando haces los cálculos antes de empezar, al Madrid, aunque juegues en casa, le pones un cero, hay que ser honesto. Sacar tres significa que hemos hecho un buen partido”. Y cuando le preguntaron si estaba más contento él o su familia, respondió sin dudar: “Estoy yo más contento, porque he sufrido mucho”.
Ahora toca ver si el FC Barcelona es capaz de aprovechar el tropiezo madridista en Mallorca. No obstante, no lo tendrá fácil. Enfrente, el Atlético de Madrid.





