Este mediodía en Asunción, Paraguay, se concretó la firma de un acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), tras 26 años de negociaciones. El tratado establece una alianza que abarca aproximadamente el 25% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y un mercado conjunto de más de 700 millones de habitantes, con el potencial de transformar las relaciones políticas y económicas entre ambas regiones.
La ceremonia tuvo lugar a las 13:50 horas en el Gran Teatro “José Asunción Flores” del Banco Central de Paraguay. Estuvieron presentes los jefes de Estado de los países sudamericanos firmantes, con la excepción del presidente brasileño Lula da Silva. Asistieron Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Yamandú Orsi (Uruguay), José Raúl Muliño (Panamá) y Santiago Peña (Paraguay), quien actuó como anfitrión en su rol de presidente pro tempore del Mercosur. Por la Unión Europea participaron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.
La firma formal del acuerdo fue realizada por los cancilleres de los países del Mercosur: Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay), Pablo Quirno (Argentina), Mauro Vieira (Brasil), Fernando Aramayo (Bolivia), Mario Lubetkin (Uruguay) y Javier Martínez-Acha. Por la UE, firmó el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič. Esta modalidad se decidió semanas antes en Paraguay, dado que en la Unión Europea los ministros son los firmantes oficiales.
Lula da Silva justificó su ausencia argumentando que no estaba previsto que los presidentes asistieran a la firma. En medio de tensiones con Milei, el mandatario brasileño optó por no viajar a Paraguay y en cambio mantuvo un encuentro en Río de Janeiro con Costa y von der Leyen, buscando evitar un cruce con el argentino y capitalizar por separado su rol en la concreción del tratado.
Milei llegó a Asunción acompañado por su ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, y otros funcionarios. En su discurso, calificó el acuerdo como “el logro más importante de la historia del Mercosur” y expresó que su gobierno continuará con negociaciones comerciales bilaterales, independientemente de las posiciones de otros países del bloque. Señaló que Argentina buscará avanzar con socios como Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes Unidos, promoviendo una visión de apertura de mercados y libertad económica.
Durante su intervención, Milei saludó a la primera ministra italiana Giorgia Meloni, pero criticó a algunos colegas europeos por intentar modificar el acuerdo con “salvaguardas” que, según él, desnaturalizan el pacto. Además, anunció que llevará el tratado al Congreso argentino en las sesiones extraordinarias de febrero para su pronta aprobación. Fuentes oficiales indicaron que la Secretaría de Coordinación de Producción deberá adaptar reglamentos técnicos, establecer normas de origen para autocertificación e implementar resoluciones anticipadas para cumplir con lo pactado.
Santiago Peña destacó la importancia del acuerdo y afirmó que Europa y Sudamérica deben unirse para enfrentar un mundo complejo e inestable, promoviendo más integración, cooperación y humanidad. Aunque es aliado de Milei, Peña mencionó en varias ocasiones el rol de Lula en la concreción del tratado, momentos que no fueron acompañados con aplausos por parte del presidente argentino, generando un contraste visible durante el acto.
Por su parte, Ursula von der Leyen subrayó que el acuerdo consolida a Europa como principal inversor extranjero en la región, beneficiando a unas 60.000 empresas europeas. Destacó también el carácter geopolítico del pacto, que crea una plataforma para abordar temas globales como la protección ambiental y la reforma de instituciones internacionales, y para impulsar una competitividad más dinámica.
La Cancillería argentina señaló en un comunicado que el acuerdo abre nuevas oportunidades para la inserción internacional del Mercosur, permitiendo diversificar y ampliar la canasta exportadora e incorporar nuevos productos y servicios al comercio bilateral.
El tratado implica la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales, la reducción de barreras no arancelarias y la armonización de regulaciones en áreas como inversiones, propiedad intelectual y estándares sanitarios y técnicos. Esto facilitará al Mercosur el acceso preferencial a uno de los mercados con mayor poder adquisitivo del mundo, beneficiando especialmente a sectores agroindustriales, minerales, alimentos procesados y manufacturas agropecuarias.
Para la Unión Europea, el acuerdo fortalecerá su presencia en América del Sur y diversificará sus proveedores estratégicos en un contexto de creciente competencia global. Se estima que las empresas europeas podrían ahorrar hasta 4.000 millones de euros anuales por la reducción de derechos aduaneros, y los flujos de inversión extranjera directa desde Europa hacia el Mercosur podrían duplicarse.
En el caso argentino, se prevé un crecimiento del 76% en las exportaciones a la UE en los primeros cinco años de vigencia del acuerdo, y hasta un 122% en un horizonte de diez años. Las exportaciones pasarían de casi 8.641 millones de dólares en 2025 a 15.166 millones en cinco años y a 19.165 millones en diez años, con un fuerte dinamismo en sectores como energía y minería, especialmente en proyectos relacionados con litio, cobre e hidrocarburos.
Actualmente, el intercambio comercial entre ambos bloques supera los 111.000 millones de euros, con Europa como mercado clave para productos agrícolas sudamericanos y el Mercosur como destino de maquinaria, automóviles y productos químicos y farmacéuticos europeos. Sin embargo, la relación no es simétrica: las manufacturas del Mercosur enfrentarán mayor competencia europea, mientras que la agricultura europea teme el impacto de la entrada de productos sudamericanos.
Entre los principales desafíos del acuerdo se encuentran superar obstáculos políticos y regulatorios, así como implementar políticas compensatorias para mitigar impactos en sectores sensibles y pequeñas y medianas empresas. También será necesario cumplir con exigencias ambientales europeas en materia de deforestación, trazabilidad y derechos laborales, lo que requerirá inversiones y adaptaciones productivas en el Mercosur.
Un análisis de la consultora ABECEB destacó la fuerte dimensión geopolítica del acuerdo: para la Unión Europea, el tratado ayuda a reducir la dependencia de Asia y a reforzar su influencia en América del Sur; para el Mercosur, permite diversificar alianzas, reducir la dependencia de China y reposicionarse en el comercio global.
La viabilidad del acuerdo dependerá de la capacidad de ambos bloques para liderar el proceso en contextos de volatilidad política y presiones internas. En Europa, la oposición de algunos países pone en duda la ratificación plena, mientras que en el Mercosur la falta de una institucionalidad supranacional obliga a la ratificación individual por cada Estado miembro. Como alternativa, se contempla un Acuerdo Interino que permitiría aplicar de inmediato la parte comercial, sujeto a la aprobación del Parlamento Europeo y la ratificación de todos los países del Mercosur.





