Artemis II completó con éxito su misión lunar tras 54 años sin vuelos tripulados más allá de la órbita terrestre

En El Mundo
abril 11, 2026
Cuatro astronautas realizaron un viaje de diez días alrededor de la Luna para probar nuevas tecnologías y preparar futuras misiones con alunizaje y presencia humana sostenida.

Más de medio siglo después del fin del programa Apolo, la misión Artemis II marcó un avance significativo en la exploración lunar al enviar nuevamente astronautas más allá de la órbita terrestre. Aunque esta misión no incluyó un alunizaje, fue un ensayo crucial para futuras expediciones que buscarán establecer una presencia humana permanente en la Luna. La nave Orion, con cuatro tripulantes a bordo —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen—, completó un viaje de diez días que incluyó una órbita alrededor de la cara oculta de la Luna y el regreso a la Tierra utilizando la gravedad lunar para acelerar y desacelerar la nave.

Desde un punto de vista técnico, Artemis II funcionó como un laboratorio en el espacio profundo, permitiendo evaluar en condiciones reales sistemas críticos como el soporte vital, la navegación autónoma, las comunicaciones en zonas de sombra lunar y el comportamiento térmico de la nave durante el reingreso atmosférico, donde las temperaturas alcanzan hasta 2700 grados Celsius debido a la fricción. Cada uno de estos sistemas fue probado sin margen de error a cientos de miles de kilómetros de la Tierra, asegurando su correcto funcionamiento para futuras misiones con alunizaje y estadías prolongadas en la superficie lunar.

Además de los avances tecnológicos, Artemis II representó un hito sociológico al contar con una tripulación diversa: la primera mujer y la primera persona afrodescendiente en viajar al espacio profundo, junto con el primer astronauta canadiense en salir de la órbita terrestre. Esta composición redefine quiénes representan a la humanidad en la exploración espacial y refleja un cambio significativo en la inclusión dentro del programa espacial.

Los resultados concretos de la misión incluyen la validación de la capacidad operativa de la nave Orion en el espacio profundo, la prueba exitosa del sistema de comunicaciones durante los períodos de sombra lunar, la confirmación de la autonomía en los sistemas de navegación y control, y la obtención de nuevos datos sobre radiación, temperatura y comportamiento estructural en trayectos prolongados. En conjunto, estos logros demuestran que las tecnologías y la logística del siglo XXI pueden enviar y traer de regreso a un equipo humano más allá de la órbita terrestre de forma segura.

Artemis II es la segunda etapa del programa Artemis, que comenzó con Artemis I en 2022, una misión no tripulada. La siguiente misión, prevista para 2027, buscará realizar pruebas de acoplamiento con un módulo lunar en órbita terrestre, y el primer alunizaje del programa está programado para Artemis IV en 2028. La NASA planea realizar alunizajes anuales para desarrollar una base lunar permanente, con estaciones orbitales Gateway y bases en el polo sur lunar que permitan utilizar recursos in situ. La Luna dejará de ser solo un destino para convertirse en una plataforma para estudios locales y un punto estratégico para viajes espaciales a otros planetas del sistema solar.

El programa Artemis también impulsa el desarrollo de infraestructura y la exploración comercial, incluyendo minería, producción de energía, fabricación en microgravedad y ciencia avanzada como biología y astronomía desde la superficie lunar, aprovechando la baja gravedad y la ausencia de atmósfera. Además, Artemis redefine el mapa geopolítico del espacio, siendo liderado por Estados Unidos pero con socios internacionales como Canadá y la Agencia Espacial Europea, anticipando nuevas alianzas fuera del planeta.

Un destacado aporte argentino en Artemis II fue el microsatélite “Atenea”, desarrollado por científicos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) junto a profesionales públicos y organismos científicos locales. Con un tamaño equivalente a dos cajas de zapatos apiladas y un peso de 15 kilos, Atenea fue uno de los cuatro satélites seleccionados por la NASA entre más de 40 propuestas de una decena de países. Liberado pocas horas después del lanzamiento, el satélite activó sus sistemas, estabilizó su orientación y comenzó a enviar telemetría recibida por estaciones terrestres en Córdoba y Tierra del Fuego.

La misión de Atenea fue doble: medir el entorno de radiación y su impacto en componentes electrónicos, una variable crítica para futuras misiones tripuladas, y probar comunicaciones de largo alcance junto con la recepción de señales GPS en zonas donde esta es débil. Este éxito posiciona a Argentina en la estrategia global de CubeSats, satélites pequeños, de bajo costo y rápida producción, que permiten a países con recursos limitados participar en la economía espacial y desarrollar negocios satelitales futuros.

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