Volvía LaLiga al Metropolitano en el primer capítulo de una trilogía entre Atlético de Madrid y FC Barcelona. Volvía después del parón de selecciones y con un ambiente de revancha por lo sucedido en la Copa. Los de Flick sabían de la derrota del Real Madrid en Mallorca y los rojiblancos podían forzar a su rival a estar más pendiente de la competición doméstica que de la Champions.
Con todo ello, el guion fue el esperado, con el Barça acaparando la posesión y los del Cholo esperando su momento para correr y castigar. Sin embargo, el primero en intentarlo fue Marcus Rashford. Falta escorada que no cogió la suficiente altura y pudo despejar Juan Musso. La respuesta no se hizo esperar y una jugada colectiva entre los delanteros del Atleti, capitaneada por Griezmann, que hacía un caño y un recorte a los centrales, se plantaba solo delante de Joan García. Lo difícil estaba hecho, pero el recién debutante de la selección española tiraba de reflejos.
Y si la cosa iba de golpes, ahora le tocaba a Fermín… por partida doble. La primera tuvo que ir abajo Musso, por fortuna para los del Cholo, ya que el mediocentro no había visto la entrada de Rashford completamente solo. La segunda, a mérito de Lamine Yamal, ‘cañito’ espectacular sobre Nico, que solo había empezado su agonía, y pase con el exterior a la carrera de su compañero. No obstante, llegó Le Normand para molestar a Fermín, que la tiró fuera.
Corrían los minutos y Lamine jugaba con Nico. Tanto que, en medio del infierno del argentino, la desesperación salió de forma inexplicable cuando, en una salida de balón en campo rival, el lateral decidió coger el balón con la mano. Era la primera tarjeta del partido. Muy peligrosa por quiénes eran los protagonistas del baile.
Cruzábamos el ecuador de la primera parte y, en un robo rápido en zona de ataque, Álex Baena encontraba solo a Griezmann con un pase de la muerte que recorrió toda el área. Si la de antes había sido clara, esta lo era aún más. Pero el final fue el mismo. Un poco más cerca estuvo Lamine Yamal. Sin premio, pero se notaba que el 10 estaba enchufado. Pared estupenda con su socio Fermín y la vaselina se iba a la parte externa de la madera. Se mantenían las tablas.
Y, como suele ser el fútbol, si no castigas, te castigan. Y así lo hizo el ‘cholito’. Tenía el control del balón Lenglet, sin presión, en su campo. Alzó la mirada y vio a Giuliano echar a correr, al espacio, entre Gerard Martín y Joao Cancelo. Entre uno y otro y la casa sin barrer, se plantó solo delante de Joan García. A la tercera va la vencida. Faltaba poco para el final y mucho por suceder, no sin antes hacer un cambio de cromos: Araújo por Bernal por una nueva lesión del uruguayo, y porque nada más moverse el marcador apareció Rashford en su zona favorita. Diagonal, pared con Olmo y a la jaula. De vuelta a como empezamos.
Parecía todo visto hasta que un ‘jugetón’ Lamine Yamal atacó el espacio. No supo frenar Nico, tal vez porque no le había cogido en toda la primera parte, que derribó al extremo a centímetros del área. No hubo penalti, sí expulsión. Con revisión incluida, pero sin cambio en la decisión. El Atlético se quedaba con 10 y tocaba sufrir en la segunda parte.
Volvían los futbolistas del túnel con cambio obligado para reajustarse en el Atleti, y en busca del gol con Ferrán por parte de los azulgranas. Si el guion con once daba la posesión a los de Flick, con uno más la dinámica era de esperar. Es cierto que hubo una roja directa a Gerard Martín por un pisotón a Almada. Pero también es cierto que intervino el VAR. Chivatazo y rectificación. Entonces empezó el bombardeo. Centros al área desde todos lados que bien acaban en despejes de la zaga colchonera o en vuelos asombrosos de Musso.
Lo intentaba Lamine, el mejor del partido. Lo intentaba Rashford desde el otro costado. Pedri en la sala de máquinas. Poco a poco el Atleti defendía más atrás. Simeone tiraba de cambios, sorprendentes. Daba paso a los debuts de Moricllo y Taufik Seidu. No tendrían ningún minuto ni Lookman ni Julián Álvarez. Todo lo contrario el técnico alemán. Olía la sangre y metió a Lewandowski. De su mano, o mejor dicho de su costado, vino ese gol salvador.
Cogió el balón Cancelo, que bailó con Almada, le amagó hasta tres veces hasta encontrar posición de disparo. Tiro seco, fuerte, al que solo Musso pudo responder repeliendo el balón. Y ahí, en la zona de los goles, apareció un viejo conocido: el polaco. Cierto es que fue de rebote. Pero también vale, y más ahora si es para encarrilar media liga. Son siete puntos de distancia con el Real Madrid. Aunque también hay un ojo puesto en el sueño de la Champions. Ya quedan solo dos capítulos de la trilogía. Y en el fondo, el premio de semifinales.





