La muerte del papa Francisco generó una ola de homenajes y renovó el interés en sus reflexiones sobre la inteligencia artificial (IA) y su potencial para redefinir la economía y los conflictos internacionales. El sumo pontífice, quien desde el inicio de su pontificado mostró interés en los avances tecnológicos, planteó la interrogante de si la IA puede contribuir a poner fin a las guerras.
Su postura sobre la IA, expresada en documentos oficiales y discursos, no fue meramente teológica, sino un llamado a comprender el desarrollo tecnológico desde valores éticos universales.
Francisco creía que la IA era clave para la paz mundial, expresando su deseo de que este avance tecnológico contribuyera a terminar con conflictos y sufrimientos humanos. Vinculó la IA con la posibilidad de prevenir enfrentamientos, facilitar negociaciones y detectar amenazas, siempre bajo criterios de justicia.
El Papa destacó la importancia de que la IA esté al servicio de la humanidad y no de intereses militares o económicos sin ética, abogando por una supervisión de su aplicación en conflictos por instituciones multilaterales y el respeto de los derechos humanos.
En cuanto a las condiciones éticas para que la IA promueva la paz, el pontífice señaló que su desarrollo debe fundamentarse en valores como la inclusión, la transparencia y la responsabilidad, para evitar excluirla y usarla como forma de violencia.
Francisco advirtió sobre la necesidad de regulación y ética en el avance de la inteligencia artificial, subrayando que solo con una fuerte articulación entre ética, política y tecnología se garantizará su utilización para resolver conflictos en lugar de intensificarlos. La visión del Papa implica la necesidad de marcos jurídicos claros y una voluntad política para evitar que la IA se convierta en instrumento de control o violencia.





