Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, se sumaron este sábado al conflicto en Medio Oriente con ataques contra Israel, marcando su primera participación directa desde el comienzo de la guerra hace un mes. Este movimiento se suma a otros grupos fundamentalistas como Hezbollah, que combaten contra Israel y responden a la República Islámica de Irán.
Ante esta escalada, las potencias europeas reforzaron las medidas de seguridad en instituciones israelíes, organismos públicos, empresas y bancos con participación estadounidense o israelí. Varios países ajustaron sus protocolos internos para prevenir posibles represalias de células vinculadas a la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) o a actores radicalizados. La inteligencia europea teme que la “martirización” de líderes iraníes tras ataques de Estados Unidos e Israel pueda generar una nueva ola de “lobos solitarios”, difíciles de detectar en comparación con células organizadas.
Un ejemplo de esta amenaza se dio en París, donde la policía frustró un atentado con bomba frente al Bank of America, ubicado cerca de los Campos Elíseos. Un hombre fue arrestado cuando intentaba detonar un artefacto explosivo casero, según fuentes judiciales. Desde el inicio del conflicto, se registraron ataques principalmente contra objetivos vinculados a la comunidad judía e israelí, atribuidos a individuos o células influenciadas por la retórica de Teherán.
En Londres, cuatro ambulancias de la organización judía Hatzola fueron incendiadas frente a una sinagoga, y un grupo llamado Ashab al-Yamin, presuntamente vinculado a la Guardia Revolucionaria iraní, se atribuyó la responsabilidad. En Países Bajos se reportaron ataques contra una sinagoga en Róterdam, una escuela judía y un centro comercial en Ámsterdam. En Bélgica, un dispositivo explosivo improvisado estalló frente a una sinagoga, uno de los primeros incidentes directos en suelo europeo tras la muerte del líder supremo iraní. Las agencias de inteligencia de Alemania, Italia, Reino Unido y Francia calificaron la amenaza vinculada a Irán como “muy alta” y pusieron en alerta a sus fuerzas especiales.
Además, la inestabilidad en Medio Oriente facilitó la fuga de miles de detenidos del Estado Islámico (ISIS) en campos de Siria, lo que podría reavivar la amenaza yihadista en la región y en el mundo.
Los hutíes representan un nuevo factor de preocupación global. No solo por su fanatismo, sino por su capacidad para realizar ataques con misiles y drones de bajo costo, suministrados por Irán, que emplean frecuentemente contra objetivos israelíes. Su intervención también amenaza la navegación en el mar Rojo, una ruta alternativa para las exportaciones petroleras de monarquías del Golfo, que buscan evitar el estrecho de Ormuz, bloqueado por fuerzas iraníes.
Este sábado, los hutíes anunciaron dos ataques contra Israel. En un comunicado en la red social X, el portavoz Yahya Saree declaró que lanzaron “misiles de crucero y drones” contra “varios objetivos vitales y militares” en Israel. Este grupo, conocido como Ansar Allah (Partidarios de Dios), pertenece a la rama zaidí del islam chiíta y surgió en la década de 1990. Durante la guerra entre Israel y Hamas en Gaza (2023-2025), realizaron numerosos ataques contra Israel y buques comerciales en el mar Rojo y el golfo de Adén, hasta ser bombardeados por fuerzas estadounidenses e israelíes, lo que los dejó temporalmente fuera de combate.
El mar Rojo se ha convertido en un punto estratégico del conflicto, ya que el estrecho de Ormuz está bloqueado por la Guardia Revolucionaria iraní. Arabia Saudita y otras potencias árabes han redirigido gran parte de sus exportaciones petroleras hacia puertos en el mar Rojo. Si esta ruta también queda bloqueada, la crisis petrolera global se agravaría considerablemente, impactando la economía mundial.
El conflicto comenzó el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, que provocaron la muerte del líder supremo, el ayatollah Alí Jamenei, y de varios jefes militares. Irán respondió con una ola de misiles sobre Israel y bases estadounidenses en países árabes de la región. El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán ya sacudió la economía global y elevó el precio del petróleo. A pesar de los continuos bombardeos de EE.UU. e Israel contra Irán, la resistencia iraní no ha sido destruida.





