La historia de Alexsandr Dolgopolov, el campeón del Argentina Open que colgó la raqueta para irse al ejército de Ucrania en la guerra con Rusia.

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febrero 17, 2026

Tal vez Alexsandr Dolgopolov no haya sido de los jugadores más carismáticos del circuito ATP. Con un estilo poco convencional, golpes de armado extraño y una personalidad imprevisible dentro de la cancha, supo ganarse un lugar en el tenis mundial. En su cartelera de logros figuran dos triunfos sobre Rafael Nadal y haber sido número 13 del ranking mundial.

Era febrero de 2017 y el ucraniano había ganado apenas uno de sus 11 partidos previos. Pero el polvo de ladrillo de Buenos Aires le sentó bien. Irrumpió con fuerza en el cuadro principal del Argentina Open y sacó a un ex Top 10 como el serbio Janko Tipsarevic en la primera ronda. Luego, encadenó triunfos sobre el austríaco Gerald Meltzer y dos candidatos como el uruguayo Pablo Cuevas (por entonces, 22° del mundo) y el español Pablo Carreño (25°), hasta alcanzar la final. Allí superó sin atenuantes al japonés Kei Nishikori, número 5 del mundo, en sets corridos.

El título sorprendió porque Dolgopolov era el 66° del escalafón de varones y estaba lejos de su pico de rendimiento, que había ocurrido algunas temporadas atrás: en 2014, cuando en el Masters de Indian Wells tumbó a Nadal, número 1 del mundo, en tercera ronda. O en 2015, cuando repitió la hazaña al eliminar a la leyenda española en la primera fase de Queen’s.

Dolgopolov fue un talento que siempre priorizó el riesgo y la creatividad por encima de la ortodoxia. Esas cualidades marcarían no sólo su vínculo con el deporte, sino con su propia existencia y su razón de vida.

Alexsandr Dolgopolov levanta el trofeo

Una lesión lo había alejado del circuito en 2021 y lo mantenía en pausa, lejos de la competencia. Hasta que en febrero de 2022, Rusia lanzó la invasión a gran escala sobre Ucrania. El tenista sintió que no podía permanecer ajeno al conflicto y tomó una decisión radical: dejar definitivamente el deporte profesional para sumarse a la defensa de su país.

A sus 37 años, Dolgopolov no lo dudó. “Mi conciencia me decía: ‘Tienes que hacerlo ya’”, contó en una entrevista. A Dolgopolov, que no tenía experiencia militar y nunca antes había disparado un arma, le gusta autodefinirse como un patriota. “No tenía ni idea del tema, así que busqué el campo de tiro más cercano en Antalya (Turquía)”, recordó sobre aquel primer paso que lo llevó a reemplazar la rutina deportiva por la instrucción militar.

Lejos del glamour del circuito, The Dolgo pasó a operar drones dentro del ejército ucraniano, cumpliendo tareas de reconocimiento y coordinación de ataques de artillería. Su día a día transcurre bajo una tensión constante, marcada por la incertidumbre de cada jornada. “Estoy feliz de poder defender mi país, pero lo único que deseo es la paz”, admite. Y agrega, sin filtros: “Me falta paz interior y un día sin noticias de niños, civiles y compañeros asesinados”.

Dolgopolov también comparte en redes sociales relatos sobre la vida cotidiana en medio de la guerra. Uno de los episodios que más lo marcó ocurrió en la región de Zaporizhia, donde su unidad fue alcanzada por ataques de artillería mientras operaban un dron. “Saltamos a una trinchera y los impactos se acercaron cada vez más. Solo podíamos esperar que no nos pasara a nosotros”, relató sobre aquel momento que le provocó una conmoción cerebral y una semana de internación.

Desde entonces convive con la fragilidad humana de manera permanente. Cuando habla del miedo, sorprende por su crudeza: “Para ser sincero, me da más miedo lesionarme y tener que vivir como un inválido. Ver a un amigo perder una pierna te cambia la forma en que ves la vida. Si pudiera elegir, preferiría estar muerto”.

Aunque aún no participó en combate directo, reconoce haber visto morir personas a través de la cámara del dron que opera. “Ahora mismo solo quiero sobrevivir”, resume.

En medio del conflicto, las redes sociales se transformaron en su vía de expresión. Allí suele compartir reflexiones sobre la guerra, recomendaciones de documentales sobre el conflicto y mensajes contundentes contra Rusia. También muestra, ocasionalmente, imágenes de destrucción en el frente.

Alex Dolgopolov y su uniforme

A comienzos de este año intentó reconectar por un momento con su antigua identidad deportiva. Volvió al gimnasio tras varias semanas de descanso y compartió sensaciones que remiten al atleta que supo ser. “Practico deporte desde pequeño”, escribió, como si durante unos instantes regresara aquel jugador que recorría el mundo detrás de una pelota amarilla.

Dolgopolov ya no compite por títulos ni por el ranking. El campeón del Argentina Open 2017 mide hoy sus días en explosiones cercanas, vuelos de drones y compañeros ausentes. Su historia refleja una transformación extrema: del talento libre y relajado del tenis profesional a un hombre que enfrenta la guerra con una sola meta posible: seguir viviendo.

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