Boca se repuso de dos golpes muy duros. Luego de empezar perdiendo 2 a 0 con Deportes Tolima, el Xeneize se recuperó y con goles de Mauro Zárate y Darío Benedetto consiguió un empate que lo deja a un paso de los octavos de final de la Copa Libertadores.
A los dos minutos Boca pudo estar dos goles arriba. A los 12 perdía y a los 20, estaba dos goles abajo. Descontó, empató y casi se va en ventaja al descanso. No será fácil olvidar esos noventa minutos de Ibagué.
Tolima falló un pase cuando quiso salir jugando, Zárate le puso la vieja pelota "cortada" entre los centrales a Benedetto y lo dejó solo con Montero. Benedetto la cruzó de zurda, quirúrgico. Era gol, pero el arquero estiró el pie izquierdo y salvó su arco. Los memoriosos recordaran aquel pie de Iker Casilla ante Robben en la final de Sudáfrica. Algo parecido. Y a los dos minutos Montero le sacó del ángulo izquierdo un tiro libre a Zárate. ¿Cómo pudo ser posible?
No era todo. Enseguida se durmió Lisandro López en la salida apretado por Pérez y por Castro, que se llevó la pelota y puso el cuchillazo a la red cuando le salía Andrada, sorprendido por la falla de su compañero. Al rato todos miraron cómo Tolima progresaba en el campo, nadie marcaba y Vásquez mandó el centro ante un Mas que hizo sombra. Apareció Pérez entre López y Buffarini, ni uno ni otro tomaron al hombre, encandilados por el recorrido de la pelota. El colombiano cabeceó solo, reaccionó tarde Andrada. Catástrofe.
Cualquier equipo muere después de algo así. Boca (y los grandes) no. Desde Marcone, desde el atrevimiento de Zárate, después de Reynoso y de la reacción de Benedetto a su mal comienzo, el equipo se rehizo y convirtió en figura excluyente al gigantesco Montero.
El premio fue el descuento, un golazo, con el también viejo recurso de la pared entre Zárate y Benedetto que el 9 devolvió de espaldas a un toque y Mauro definió fuerte, al primer palo, casi con bronca.
En un partido donde sucedían cosas increíbles, Nández entró al área como los 8 antiguos, recto, en velocidad, con pelota dominada y el arco en el GPS, una jugada contra natura del uruguayo que suele llegar vacío pero pocas veces con la pelota en el empeine. Mosquera lo agarró de todo lo que podía. Fue tan penal que nadie se atrevió a esbozar la mínima queja, ni siquiera por la amarilla para el segundo central. Benedetto, como recomienda la cátedra, "rompió el arco" con un bombazo al medio.
Y sobre la hora casi acierta el tercero, salvado otra vez por el arquero local frente al Pipa.
Boca había jugado un gran primer tiempo desmintiendo el marcador adverso del principio y hasta el 2-2 con el que se fueron al descanso. Había vida, había esperanza. ¿Habría piernas?
Así como el primer tiempo tuvo vértigo de Fórmula 1, el segundo se jugó a cadencia de un vals trasnochado. Se habían mostrado los dientes y en la segunda parte guardaron los colmillos. Cada uno en el suyo, había dado mucho. Con fortuna, Tolima había golpeado con sus dos goles. Penó el empate y no pareció tener más nafta para ir por un nuevo desequilibrio. Ni combustible ni ideas.
Y Boca, a sabiendas del esfuerzo que le había demandado la remontada y de la derrota de Paranaense, metió presión en la lucha pero no arriesgó demasiado en ataque. Dadas las circunstancias, el 2-2,





