Desde que empezó su campaña presidencial, Sergio Massa tenía marcado en rojo una fecha clave en su calendario: el miércoles 27 de setiembre, una de las fechas más temidas por el candidato peronista, porque se difundirá el dato de pobreza e indigencia. Con pésimo "timing" electoral, el dato marcará un seguro empeoramiento respecto del difundido en marzo pasado -39,2% de pobres, de los cuales 8,1% eran indigentes- y esto ocurrirá justo en la semana en la que se produzca el primer debate entre los candidatos a presidente.
Para Massa, será el flanco más débil, dado que sus contendores no perderán la oportunidad de recordarle cómo los indicadores sociales empeoran justo en un gobierno que se había propuesto mejorar la distribución del ingreso.
Es por eso que todos los esfuerzos del ministro-candidato están puestos en estos días en anunciar medidas de alto impacto -tanto a nivel económico como político- que puedan compensar, o al menos atenuar, el efecto anímico de las malas noticias.
Tras haber hecho anuncios que tenían como objeto a los asalariados de ingresos medio-altos -como el alivio en el Impuesto a las Ganancias- o los empresarios pyme sin acceso al crédito, ahora el foco estará puesto, precisamente, en las franjas de menores ingresos que aparecen en las estadísticas por debajo de la línea de pobreza.
Algunas ya se están implementando o fueron anunciadas, como la devolución del IVA o los beneficios impositivos para monotributistas. Y otras están en carpeta, las dirigidas más específicamente a quienes están en dificultades para acceder a la canasta básica, que tendrán una ayuda monetaria.
Una situación que empeora
El período que difundirá la encuesta del INDEC corresponderá al primer semestre del año, lo cual implica que los indicadores empeorarán, porque en ese lapso se produjo el salto inflacionario, que llevó al IPC desde el promedio mensual de 6% que se había registrado en el semestre anterior a un nuevo piso de 7%.
De hecho, ya hay mediciones privadas que anticipan que el índice dará una cifra por encima del 40%. Y lo peor de todo: el dato que se está por conocer ya será una "foto vieja", porque la aceleración inflacionaria de estas últimas semanas -que implicó el regreso a un IPC de dos dígitos tras la devaluación post PASO- ya permite suponer que, hoy mismo, la pobreza e indigencia están un escalón por encima que la que se registró en el primer semestre.
Para un candidato peronista, no hay peor situación imaginable. Por más que el indicador no sea sorpresivo, no deja de ser doloroso, porque supone una admisión tácita de fracaso en la consigna de aplicar políticas de "justicia social".
Por otra parte, el incremento de la pobreza hace que quede deslucido otro indicador importante: la caída en el desempleo, que en el segundo trimestre del año arrojó apenas un 6,2% y que la cantidad de empleos formales haya crecido en 400.000 respecto de un año atrás.
El hecho de que haya menos desocupados pero más pobres está indicando que hay trabajadores asalariados que están por debajo de la línea de pobreza porque su ingreso no puede compensar la suba de precios. Es el fenómeno que desde hace tiempo vienen estudiando los sociólogos como la nueva marca de &eacu





