Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV lanzó este domingo un nuevo llamado a la paz y condenó la violencia que atraviesa distintos rincones del planeta. Desde la ventana del Palacio Apostólico, pidió detener lo que denominó "la pandemia de las armas, largas y cortas, que infectan el mundo" y reclamó que "la voz de la guerra debe callar".
El pontífice lamentó que "continúan sembrando muerte y destrucción los ataques en Ucrania, contra la capital Kiev y en otras ciudades", y exhortó a la comunidad internacional a apoyar un alto el fuego inmediato. "Renuevo mi cercanía al pueblo ucraniano y a todas las familias afectadas. Invito a no ceder a la indiferencia y a acompañar con oración y gestos concretos de caridad", expresó.
Visiblemente conmovido, el Papa también se refirió al reciente tiroteo en una escuela católica en Minneapolis, Estados Unidos, donde murieron dos niños y más de veinte resultaron heridos. "Estoy profundamente entristecido por esta tragedia", dijo en inglés, su lengua natal. A través de un telegrama firmado por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, envió sus condolencias y apoyo espiritual a las familias afectadas.
El Papa también mencionó el reciente naufragio frente a las costas de Mauritania, donde murieron más de cincuenta migrantes y un centenar continúa desaparecido. "Nuestros corazones están heridos por tantas tragedias que se repiten a diario. Encomendemos a los heridos, desaparecidos y fallecidos al amoroso abrazo de nuestro Salvador", dijo.
Más allá de la condena a la violencia, el Papa dedicó parte de su homilía a reflexionar sobre la humildad como valor esencial en la vida cristiana. "La humildad es ser libre de uno mismo, mirar lejos y no reducir la vida a una competición inútil", señaló.
Pidió que la Iglesia sea "un taller de humildad" donde cada persona pueda sentirse acogida. "María, a quien ahora invocamos, es verdaderamente la Madre de esta casa", concluyó.





