Eran cerca de las 13:50 cuando los presentes advirtieron que un adolescente se había sumergido en el agua y no lograba salir. Lo que al principio pareció un simple chapuzón se volvió, en cuestión de segundos, un momento de desesperación. Testigos corrieron, gritaron su nombre, intentaron divisarlo bajo la superficie. Pasaron entre diez y quince minutos que se hicieron eternos, cargados de angustia y de esa impotencia que paraliza cuando la vida pende de un hilo.
Cuando finalmente lograron rescatarlo, el joven fue trasladado de urgencia al Hospital Carrillo. Allí, el equipo médico hizo todo lo posible por revertir la situación, pero el desenlace fue irreversible. La noticia cayó como un golpe seco: Marko Santino Gómez Altamirano, de 17 años, había fallecido.
La pérdida dolió aún más porque Marko no era un desconocido. Era un chico querido, disciplinado, un deportista que se destacaba en taekwondo y que apenas dos días antes había sido reconocido con el Premio al Mérito en los Premios San Antonio de Padua. Su nombre resonaba por su esfuerzo, su constancia y su futuro prometedor. Hoy resuena por su ausencia.
La fiscal Natalia Conti tomó intervención inmediata, ordenando entrevistas, el traslado del cuerpo a la morgue judicial y las actuaciones necesarias para esclarecer cómo ocurrió el hecho. Pero más allá de lo que determinen los informes, queda una certeza que atraviesa a todos: la ciudad perdió a un joven lleno de vida, y una familia enfrenta un dolor imposible de medir.
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