La inteligencia artificial revoluciona la guerra con automatización letal en Medio Oriente

En El Mundo
marzo 23, 2026
La guerra en Medio Oriente se ha convertido en el escenario donde la inteligencia artificial alcanza una nueva etapa, con empresas tecnológicas como Palantir y Anduril jugando un papel clave en la def

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha desarrollado herramientas para perfeccionar el arte de la guerra, desde el arco y flecha hasta misiles supersónicos. La tecnología y el conflicto bélico han estado siempre entrelazados, con la industria militar impulsando innovaciones que luego se adaptan a la vida civil, como el GPS o internet.

Actualmente, el conflicto en Medio Oriente sirve como campo de pruebas para la inteligencia artificial aplicada a la guerra. Las corporaciones tecnológicas digitales se consolidan como actores fundamentales en los combates, transformando la forma en que se desarrollan las operaciones militares.

Durante décadas, el poder industrial y tecnológico militar estuvo concentrado en grandes contratistas como Boeing, Lockheed Martin y Northrop Grumman, que moldearon la geopolítica desde la Guerra Fría. Sin embargo, en los últimos años, estas empresas tradicionales han visto cómo su influencia se reduce frente a nuevos competidores que aportan tecnología basada en silicio más que en acero.

Lockheed Martin es la mayor contratista militar del mundo, creadora de aeronaves icónicas como el F-35 Lightning II y sistemas antimisiles. Boeing domina en aviones tripulados y no tripulados, satélites y misiles, con productos como el helicóptero de ataque AH-64 Apache. Northrop Grumman es líder en construcción naval militar. Estas compañías continúan acumulando ganancias a medida que Estados Unidos y sus aliados abren nuevos frentes bélicos.

Desde 2017, Silicon Valley irrumpió en los contratos del Departamento de Defensa, aportando datos, análisis y capacidad de cómputo. Gigantes tecnológicos como Microsoft, Google, Oracle y Amazon proveen la infraestructura digital conocida como “la nube de la guerra”, que reemplazó los antiguos centros de datos militares por sistemas más modernos y seguros.

En comunicaciones, Elon Musk impulsa Starshield, una constelación de satélites de órbita baja que ofrece conectividad y vigilancia, capaz de detectar y ayudar a interceptar misiles supersónicos.

Destacan dos empresas de esta nueva era tecnológica: Palantir y Anduril. Palantir, fundada por Peter Thiel, un empresario con posturas libertarias y de extrema derecha, tiene como misión aplicar la tecnología digital a la defensa nacional de Estados Unidos. Su nombre proviene de las “Piedras Videntes” de la saga El Señor de los Anillos, reflejando su función de interpretar grandes volúmenes de datos militares para convertirlos en decisiones tácticas en tiempo real.

Anduril, creada en 2017 por Palmer Luckey, fundador previo de Oculus VR, desarrolla software y hardware de inteligencia artificial para defensa y seguridad. Su plataforma Lattice utiliza sensores y algoritmos para detectar y responder a amenazas, incluyendo enjambres de drones que funcionan como una “red social del aire”. Anduril colabora estrechamente con la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Este avance tecnológico plantea un punto de inflexión ético. Desde la Segunda Guerra Mundial, las agencias de defensa estadounidenses han invertido en startups tecnológicas, inicialmente para ganar la carrera espacial y ahora para contrarrestar a China. Sin embargo, la novedad inquietante es que la inteligencia artificial no solo asiste o analiza, sino que puede delegar en máquinas la decisión final de matar.

Históricamente, siempre hubo un líder humano responsable de ordenar el uso de la fuerza y asumir la responsabilidad de las consecuencias. Esa figura parece desvanecerse ante la automatización total de la letalidad. La guerra ya no depende únicamente de quién posee el armamento más avanzado, sino de quién controla el código que determina cuándo y dónde se dispara.

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