Desde el 1° de enero de 2026, Uruguay cuenta con una nueva estructura institucional para la gestión de la ciencia y la tecnología. Con la entrada en vigencia del Presupuesto Nacional impulsado por el gobierno de Yamandú Orsi, se creó la Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento, que reemplaza a la Dirección Nacional de Investigación, Ciencia y Tecnología, anteriormente dependiente del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Este cambio generó una polémica inmediata, ya que el astrónomo Gonzalo Tancredi anunció su renuncia a su cargo en el gobierno.
Tancredi, quien se desempeñaba como director de la antigua dirección en el MEC, publicó una carta en la red social X el mismo 1° de enero para expresar su opinión sobre la disolución de la dirección y la creación de la nueva secretaría, que ahora funciona bajo la órbita de la Presidencia de la República. En su mensaje, el investigador afirmó sentir un “deber ético y político” de manifestarse sobre esta transformación institucional.
El Poder Ejecutivo informó el jueves 29 de diciembre que David González fue designado al frente de la nueva secretaría. Según el comunicado oficial, este organismo tendrá como misión “proponer las políticas científicas nacionales, promover la formación de capital humano de alta especialización y contribuir a la valorización y transferencia de conocimiento en todo el territorio nacional”. Además, deberá elaborar políticas en materia de ciencia, tecnología e innovación alineadas con los objetivos nacionales de desarrollo, buscando equilibrio territorial y de género.
La secretaría también será responsable de fomentar la investigación y la generación de conocimiento, así como de promover la formación e inserción laboral de profesionales e investigadores altamente calificados en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas en instituciones académicas y centros de investigación y desarrollo.
En su carta, Tancredi recordó que durante los nueve meses que dirigió la antigua oficina logró “dar gran visibilidad al organismo” y contribuyó al “proceso de reorganización” del sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en Uruguay. Sin embargo, criticó que la nueva estructura separa la investigación de la innovación, ya que, además de la creación de la Secretaría de Ciencia en Presidencia, se estableció el programa Uruguay Innova. Señaló que esta formulación institucional está “pensada en función de las personas y no las instituciones” y calificó el resultado como “una institucionalidad débil, con muy poco acuerdo político y social”.
El astrónomo sostuvo que esta nueva institucionalidad no está diseñada para perdurar más allá de un período de gobierno y expresó que, en su opinión, era necesario crear un ministerio dedicado a estas áreas. Asimismo, destacó la importancia de que los temas de investigación e innovación se conviertan en una política de amplio consenso nacional, con respaldo político y académico que trascienda partidos y sectores, incluyendo a diversos actores académicos y empresariales.
Finalmente, Tancredi advirtió que no se pueden seguir “armando diseños institucionales que no logren vastos consensos”, en referencia a la reciente reestructuración que motivó su renuncia.




