El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá está generando expectativas, no solo por la emoción que despierta cada cuatro años. Sino también por los posibles riesgos climáticos que enfrentaría el certamen. De acuerdo con la FIFA, la planificación del torneo y los efectos de fenómenos meteorológicos como El Niño plantean la posibilidad de que se trate del evento futbolístico más caluroso jamás disputado.
La edición reciente del Mundial de Clubes 2025 ya evidenció los desafíos de disputar partidos bajo altas temperaturas y humedad extrema, condiciones que podrían repetirse o incluso intensificarse durante la próxima Copa del Mundo.
Según el ente mundial, la programación de los horarios y sedes fue cuidadosamente diseñada para mitigar el riesgo térmico: los partidos de mediodía y primeras horas de la tarde se asignarán a ciudades con temperaturas más templadas, como Seattle y Toronto, o a estadios cubiertos y climatizados, como los de Houston, Dallas y Atlanta. No obstante, meteorólogos advierten que la influencia de El Niño podría modificar los pronósticos, especialmente si el fenómeno se presenta de forma tardía en el año; algunos modelos le asignan la probabilidad de 30%.
“El Niño no suele tener una señal climática fuerte durante el verano en la mayoría de Estados Unidos”, indicó el portal gubernamental estadounidense especializado en clima, Climate.gov. Sin embargo, la distribución geográfica de las sedes y la dificultad de prever el comportamiento exacto del fenómeno mantienen la incertidumbre en torno a episodios de calor extremo, especialmente en el norte del país y zonas de Canadá, donde puede causar veranos inusualmente cálidos.
El precedente más cercano es el Mundial de 1994, también celebrado en Estados Unidos, recordado como el torneo más caluroso de la historia. En dicha edición, varios encuentros se disputaron al mediodía para favorecer la audiencia televisiva europea, lo que expuso a los futbolistas a temperaturas que frecuentemente superaron los 35°C en ciudades como Dallas, Orlando y Pasadena.
Por ejemplo, el partido entre México e Irlanda disputado en Orlando sostiene el récord del encuentro con la temperatura más alta: 41°C.
Para este año, el calendario contempla partidos en ciudades del sur y centro de Estados Unidos, zonas donde en verano suelen registrarse temperaturas superiores a los 38°C y elevados niveles de humedad, incrementando el riesgo de golpes de calor y deshidratación severa. Aunque los organizadores confían en que la distribución de horarios y sedes ayudará a reducir peligros, la posibilidad de condiciones atípicas de calor no se descarta.
El Niño es un fenómeno climático que surge en el Pacífico cada dos a siete años, desarrollándose durante la primavera y extendiéndose hasta la siguiente. Este tiende a elevar la temperatura global, aunque su efecto más pronunciado se da en el hemisferio sur.
En Norteamérica, suele provocar veranos más frescos pero húmedos en los estados sureños, mientras que incrementa el calor en el norte de Estados Unidos y Canadá.
La revista FourFourTwo estima en un 30% la probabilidad de que El Niño se active durante el verano de 2026 y que su aparición podría retrasarse más de lo habitual. Especialistas en climatología consideran posible que, si el fenómeno se manifiesta este año, su inicio sea más tarde de lo regular.
A su vez, Climate.gov puntualizó: “El Niño no tiene una señal climática fuerte para la mayoría del país durante el verano”, sugiriendo que los temores pueden estar sobredimensionados. Aun así, la incertidumbre meteorológica se suma a la complejidad logística y sanitaria que implica organizar un torneo de esta magnitud en esta época del año.
Frente a estos riesgos, la FIFA buscará implementar una serie de medidas para limitar la exposición al calor de jugadores y aficionados. Los partidos más tempranos del día se han programado en ciudades con climas más benignos o en estadios equipados con sistemas avanzados de refrigeración. Además, se prevé flexibilizar las pausas de hidratación y reforzar los protocolos médicos para detectar signos tempranos de agotamiento térmico.
Asimismo, desde la FIFPRO advierten que el calor extremo puede afectar el rendimiento físico y cognitivo de los futbolistas, incrementando la incidencia de lesiones y complicaciones graves como el golpe de calor. Las federaciones ya estudian adaptar los entrenamientos y la preparación física a las condiciones ambientales previstas, y algunos equipos contemplan llegar con mayor antelación a las sedes para favorecer la aclimatación.





